Llave verde y la giro hacia la derecha, ya estoy en casa. Recorrí lentamente el pasillo asomándome a la puerta de la cocina comprobando que no había nadie, en efecto. Me senté en la encimera, como hago desde que era pequeña, y me tomé un zumo, por la misma razón.
Mientras tanto me quedé pensando en ese chico, Oliver, en el bar parecía más seguro de sí mismo que en el parque, sin ninguna duda, ahí parecía torpe, aunque podía haber muchas explicaciones para lo sucedido. Quizás interrumpí una conversación y por eso se le hacía incómodo estar paseando conmigo. Aunque eso no cobrase mucho sentido puesto que él vino a por mí.
-Luna, ¿Qué haces? Has tardado mucho, deberías ir a la cama.
-Mamá, no he tardado ni apenas 10 minutos, además, te había avisado de que iría a dar una vuelta.
-¡10 minutos! Ya te gustaría a ti haber tardado 10 minutos, 40 Luna, has tardado 40 minutos y son las 12 de la noche, ¿Te parece bien?¿Algo que puedas hacer sin repercusión alguna?
-Por supuesto que no mamá, me voy a la cama sin cenar. -Salté al suelo y cogí el vaso de zumo.- Buenas noches.
Salí de la cocina de mal humor puesto que había cedido al provocamiento de mi madre, no me gusta reaccionar de ese modo, pero me saca de mis casillas y para colmar el vaso mi cuarto estaba demasiado desorganizado. Recorrí con la mirada el desastre: escritorio a continuación de la puerta con demasiados papeles, platos y objetos varios encima de la mesa; una guitarra llena de polvo; armario cual abrías y una montaña de ropa te sepultaba; la mesilla con 3 libros abiertos por distintas páginas marcadas con bolígrafos, relojes, cascos, aparatos electrónicos y monedas sueltas; mi cama, pequeña pero confortable, tiene los mismos años que yo y ya es mucho decir; otra cómoda con más cajones repletos de ropa los cuales nunca están suficientemente llenos a mi parecer y por último, mi corcho, donde cuelgo todos mis recuerdos, fotos, billetes de viaje, envoltorios de regalos, cartas...y en primera plana, unos billetes de renfe de hace demasiados años, un viaje que hice sola a Navarra para reencontrarme con mi padre, en realidad es un amigo, se llama Jorge y casi me dobla la edad pero para mí es mi padre porque siempre tuvimos esa relación que echaba en falta.
-Eres como mi hermano mayor, por todos los consejos y momentos que me dedicas.
-Bueno, pero hay veces que me preocupo más que eso, estoy bastante pendiente de tus locuras...
-Eh, eh, para el carro, esa sería una relación entre padre e hija.
-Pues que así sea.
Me quedé pensando en Luna y en las últimas frases de la conversación. Por ejemplo, se mostró demasiado enigmática sobre cómo vernos de nuevo y le sorprendió que no viviese con mis padres. Por supuesto, no sabe mi historia.
-Fuera de mi casa, no vuelvas a aparecer por aquí, Raquel.
-Pero Víctor, que no volverá a pasar, te lo prometo.
-¿El que no va a volver a pasar Raquel? ¿No vas a gastarte de nuevo el sueldo en pastillas, en alcohol y en el casino? Repítemelo de nuevo, a ver si esta vez consigues que te crea.
-Pero...tengo un problema, no es tan fácil, tú lo sabes, deberías saberlo. Tenemos un hijo, no puedes echarme de casa.
-De acuerdo, cambia y serás bienvenida en esta casa.
-Lo he pensado, y no necesito tu bienvenida en ningún sitio, necesito alejarme de ti. Tranquilo, no tienes por qué volver a saber de mí.
Vi a Marcos a través del cristal del bar, expulsé los últimos pensamientos de mi cabeza, exceptuando a Luna, por supuesto, y entré en el bar.
-Tío, ya me estás contando qué ha pasado.
-Nada, una chica me estaba mirando y he salido a hablar con ella.
-Así me gusta campeón, era lo que tenías que hacer. Y ¿Dónde está, ha ido al baño?
-A su casa más bien.
-Entonces tío, me has engañado, no te la has ligado...eres un patán.
-Marcos, últimamente te metes demasiado conmigo, y no me gusta para nada. Me voy a casa, ¿Vienes o te coges un taxi?
-Mejor me pillo un taxi. Hasta luego.
-Adiós, Marcos.
No le soporto cuando se pone en ese plan, ¿No se da cuenta? Es un completo irrespetuoso, pero como paga el piso, tengo que callarme , por supuesto.
Llave roja y la giro a la izquierda, ya estoy en casa. Encendí las luces del salón para comprobar si nuestro otro compañero de piso estaba en casa y cuando me dí cuenta de que se había ido me encerré en mi cuarto porque no soportaba el desorden que los otros consentían en la casa, mi habitación era el único lugar ordenado de la casa, sencilla y tenía justo lo necesario: un armario, una cama doble, un escritorio y un par de cajoneras. ¿Para qué necesitaba más? Se podría decir que soy conformista. Aunque he de decir, que el premio gordo de la casa me lo llevé yo eligiendo la habitación con acceso a la terraza, es el lugar más tranquilo para leer, escribir, estudiar o tan sólo pensar, tareas concretas que precisan concentración.
Aunque en ese momento no necesitase concentración, y mucho menos la tenía, salí a la terraza con un buen libro para distraerme de la noche. Lo había alquilado en la biblioteca, no tenía mala pinta, hasta que leí la primera frase que consiguió echarme hacia atrás: "Raquel había salido a dar un paseo bajo la luna, había tenido un día complicado."
viernes, 25 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
08#
-Hola.
+...
-Perdón por haberte seguido, no voy a hacerte nada, de verdad, tan sólo...te vi allí parada mirándome, y me intrigaste.
+Claro, tranquilo, fue mi culpa. Debería haber sido más discreta.
-No sé qué decir la verdad...
+Tu nombre, por ejemplo.
-Ah, sí, claro...Oliver, me llamo Oliver.
+Ah, muy bien Oliver...dado que no preguntas, yo me llamo Luna.
-Sí, perdona, soy un poco torpe, ya ves, cuéntame, ¿qué haces paseando a estas horas?
+Bueno pues... -no lograba entender por qué estaba tan nerviosa-. Mi madre me ha mandado a tirar la basura... y me apetecía dar una vuelta... y te he visto... y he venido aquí...
-¿Estás nerviosa por algo?
+Hombre, eres un desconocido, no es una situación muy cotidiana.
-Oye, ¡que sabemos nuestros nombres!
+Es cierto Oliver, ya me quedo mucho más tranquila. ¿Vamos a dar un paseo? Quiero recorrer el parque.
-Vale, andemos -y me agarró del brazo, como si ya nos conociésemos de toda la vida.
+No te importa, ¿no? es que eres bastante cómodo, la verdad.
-Nada Luna, tómate confianzas. ¿Sabes? Hoy la luna está muy bonita, casi tanto como tú -por qué había dicho eso, la acababa de conocer, seguro que saldría corriendo.
+Vaya, muchas gracias, vas muy rápido tú, ¿no crees? pero no me importa, me gusta, aunque yo no opino igual que tú.
-Lo siento.
+¿Siempre eres así de directo con las chicas?
-No, la verdad es que no, soléis ser vosotras, las chicas, las que venís detrás de mí.
+Ah, gracias, eres algo...como sería la palabra...sí, ya ¡egocéntrico! pero te lo digo con cariño, Oliver.
-¿Cómo lo haces? Siempre me dejas sin palabras. ¿cuántos años tienes?
+Voy a cumplir los dieciocho.-empecé a notar la vibración del teléfono- espera un momento, será mi madre.-colgué.
-¿Todo bien?
+Sí, si no tienes en cuenta el hecho de que llevo media hora fuera de casa, ¿me acompañas de vuelta?
-Por supuesto y ya de paso vuelvo al bar.
+¿Con quién has venido?
-Con uno de mis compañeros de piso, Marcos.
+No vives con tus padres...debe ser alucinante. ¿cuántos años has dicho que tenías?
-No lo he dicho. Tengo veintiún años.
+Pues estás bastante bien, oye me voy que este es mi portal, ¡ya nos veremos!
-¿Cómo? ¡Si no tengo tu número!
+Ven al bar.
+...
-Perdón por haberte seguido, no voy a hacerte nada, de verdad, tan sólo...te vi allí parada mirándome, y me intrigaste.
+Claro, tranquilo, fue mi culpa. Debería haber sido más discreta.
-No sé qué decir la verdad...
+Tu nombre, por ejemplo.
-Ah, sí, claro...Oliver, me llamo Oliver.
+Ah, muy bien Oliver...dado que no preguntas, yo me llamo Luna.
-Sí, perdona, soy un poco torpe, ya ves, cuéntame, ¿qué haces paseando a estas horas?
+Bueno pues... -no lograba entender por qué estaba tan nerviosa-. Mi madre me ha mandado a tirar la basura... y me apetecía dar una vuelta... y te he visto... y he venido aquí...
-¿Estás nerviosa por algo?
+Hombre, eres un desconocido, no es una situación muy cotidiana.
-Oye, ¡que sabemos nuestros nombres!
+Es cierto Oliver, ya me quedo mucho más tranquila. ¿Vamos a dar un paseo? Quiero recorrer el parque.
-Vale, andemos -y me agarró del brazo, como si ya nos conociésemos de toda la vida.
+No te importa, ¿no? es que eres bastante cómodo, la verdad.
-Nada Luna, tómate confianzas. ¿Sabes? Hoy la luna está muy bonita, casi tanto como tú -por qué había dicho eso, la acababa de conocer, seguro que saldría corriendo.
+Vaya, muchas gracias, vas muy rápido tú, ¿no crees? pero no me importa, me gusta, aunque yo no opino igual que tú.
-Lo siento.
+¿Siempre eres así de directo con las chicas?
-No, la verdad es que no, soléis ser vosotras, las chicas, las que venís detrás de mí.
+Ah, gracias, eres algo...como sería la palabra...sí, ya ¡egocéntrico! pero te lo digo con cariño, Oliver.
-¿Cómo lo haces? Siempre me dejas sin palabras. ¿cuántos años tienes?
+Voy a cumplir los dieciocho.-empecé a notar la vibración del teléfono- espera un momento, será mi madre.-colgué.
-¿Todo bien?
+Sí, si no tienes en cuenta el hecho de que llevo media hora fuera de casa, ¿me acompañas de vuelta?
-Por supuesto y ya de paso vuelvo al bar.
+¿Con quién has venido?
-Con uno de mis compañeros de piso, Marcos.
+No vives con tus padres...debe ser alucinante. ¿cuántos años has dicho que tenías?
-No lo he dicho. Tengo veintiún años.
+Pues estás bastante bien, oye me voy que este es mi portal, ¡ya nos veremos!
-¿Cómo? ¡Si no tengo tu número!
+Ven al bar.
domingo, 6 de noviembre de 2011
07#
-Luna, ¿puedes bajar la basura por favor?
-De acuerdo, pero voy a dar una vuelta.
-Vale, pero no tardes, por favor.
Bajé la basura y me dirigí hacia un parque, la mayor parte es césped y es muy reconfortante, el problema es que para llegar allí hay que pasar por un bar en el que normalmente hay mucho ruido y más hoy, siendo viernes. Laura me había propuesto ir a una discoteca, pero no tenía dinero ni ganas para ir, seguía pensando en el paisaje, en Kandem y en mil cosas más.
Me fijé en la gente del bar, como siempre que paso por allí y vi a un chico, no tendría mucho más de 20 años, me llamó mucho la atención de primera vista porque era alto y vestía realmente bien. Él se dio cuenta de que le estaba mirando y en el primer momento no pude hacer nada, estaba completamente abstraída mirándole, hasta que él se quedó mirándome también. En ese momento fui capaz de reaccionar y comencé a andar hacia el parque, alguien había salido del bar, seguro que había sido él, se había dado cuenta y venía detrás de mí a decirme algo. Aceleré el paso todo lo que pude hasta que llegué al parque y me fui al rincón al que suelo acudir siempre, el más tranquilo y con más césped desde donde se ve todo el parque. Le vi buscándome, hasta que me encontró y se acercó a mí.
-Oliver, tú necesitabas esto, salir un rato, distraerte, conocer chicas...
-Claro que sí Marcos, te entiendo, era esto lo que necesitaba.
-Oye, si te pasa algo no lo pagues conmigo...
-No me pasa nada, voy a la barra, ¿te traigo algo?
-Vale, una cerveza ¡gracias!
Me acerqué a la barra e intenté llamar la atención del camarero que no me hizo mucho caso porque había mil tías por delante con escotazo, por supuesto.
Al fin me atendió.
-Perdona, es que este trabajo es muy exigente, ¿sabes? ¿qué te pongo?
-Claro, claro...tranquilo. Dame dos cervezas, por favor.
-¡Marchando!
Me quedé mirándole porque se puso a hablar con mil chicas antes de traerme las cervezas y como no me hacía caso me quedé mirando por la ventana. Una chica estaba mirándome, era muy guapa, tenía los ojos claros, era alta e iba vestida bastante sencilla, cómoda, se podría decir que de estar por casa. Justo entonces me quitó la mirada y me provocó tanta curiosidad que salí detrás de ella olvidándome de las cervezas.
-¡Oliver a dónde vas, que te llevas las llaves del coche...!
Le oí pero no le hice caso, no quería perderla de vista. Había acelerado el paso, seguro que estaba asustada, siguió recto, torció en la siguiente calle a la derecha y llegó a un parque, la busqué y la encontré en el punto más alto del parque, parecía tranquilo y confortable.
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