Llave verde y la giro hacia la derecha, ya estoy en casa. Recorrí lentamente el pasillo asomándome a la puerta de la cocina comprobando que no había nadie, en efecto. Me senté en la encimera, como hago desde que era pequeña, y me tomé un zumo, por la misma razón.
Mientras tanto me quedé pensando en ese chico, Oliver, en el bar parecía más seguro de sí mismo que en el parque, sin ninguna duda, ahí parecía torpe, aunque podía haber muchas explicaciones para lo sucedido. Quizás interrumpí una conversación y por eso se le hacía incómodo estar paseando conmigo. Aunque eso no cobrase mucho sentido puesto que él vino a por mí.
-Luna, ¿Qué haces? Has tardado mucho, deberías ir a la cama.
-Mamá, no he tardado ni apenas 10 minutos, además, te había avisado de que iría a dar una vuelta.
-¡10 minutos! Ya te gustaría a ti haber tardado 10 minutos, 40 Luna, has tardado 40 minutos y son las 12 de la noche, ¿Te parece bien?¿Algo que puedas hacer sin repercusión alguna?
-Por supuesto que no mamá, me voy a la cama sin cenar. -Salté al suelo y cogí el vaso de zumo.- Buenas noches.
Salí de la cocina de mal humor puesto que había cedido al provocamiento de mi madre, no me gusta reaccionar de ese modo, pero me saca de mis casillas y para colmar el vaso mi cuarto estaba demasiado desorganizado. Recorrí con la mirada el desastre: escritorio a continuación de la puerta con demasiados papeles, platos y objetos varios encima de la mesa; una guitarra llena de polvo; armario cual abrías y una montaña de ropa te sepultaba; la mesilla con 3 libros abiertos por distintas páginas marcadas con bolígrafos, relojes, cascos, aparatos electrónicos y monedas sueltas; mi cama, pequeña pero confortable, tiene los mismos años que yo y ya es mucho decir; otra cómoda con más cajones repletos de ropa los cuales nunca están suficientemente llenos a mi parecer y por último, mi corcho, donde cuelgo todos mis recuerdos, fotos, billetes de viaje, envoltorios de regalos, cartas...y en primera plana, unos billetes de renfe de hace demasiados años, un viaje que hice sola a Navarra para reencontrarme con mi padre, en realidad es un amigo, se llama Jorge y casi me dobla la edad pero para mí es mi padre porque siempre tuvimos esa relación que echaba en falta.
-Eres como mi hermano mayor, por todos los consejos y momentos que me dedicas.
-Bueno, pero hay veces que me preocupo más que eso, estoy bastante pendiente de tus locuras...
-Eh, eh, para el carro, esa sería una relación entre padre e hija.
-Pues que así sea.
Me quedé pensando en Luna y en las últimas frases de la conversación. Por ejemplo, se mostró demasiado enigmática sobre cómo vernos de nuevo y le sorprendió que no viviese con mis padres. Por supuesto, no sabe mi historia.
-Fuera de mi casa, no vuelvas a aparecer por aquí, Raquel.
-Pero Víctor, que no volverá a pasar, te lo prometo.
-¿El que no va a volver a pasar Raquel? ¿No vas a gastarte de nuevo el sueldo en pastillas, en alcohol y en el casino? Repítemelo de nuevo, a ver si esta vez consigues que te crea.
-Pero...tengo un problema, no es tan fácil, tú lo sabes, deberías saberlo. Tenemos un hijo, no puedes echarme de casa.
-De acuerdo, cambia y serás bienvenida en esta casa.
-Lo he pensado, y no necesito tu bienvenida en ningún sitio, necesito alejarme de ti. Tranquilo, no tienes por qué volver a saber de mí.
Vi a Marcos a través del cristal del bar, expulsé los últimos pensamientos de mi cabeza, exceptuando a Luna, por supuesto, y entré en el bar.
-Tío, ya me estás contando qué ha pasado.
-Nada, una chica me estaba mirando y he salido a hablar con ella.
-Así me gusta campeón, era lo que tenías que hacer. Y ¿Dónde está, ha ido al baño?
-A su casa más bien.
-Entonces tío, me has engañado, no te la has ligado...eres un patán.
-Marcos, últimamente te metes demasiado conmigo, y no me gusta para nada. Me voy a casa, ¿Vienes o te coges un taxi?
-Mejor me pillo un taxi. Hasta luego.
-Adiós, Marcos.
No le soporto cuando se pone en ese plan, ¿No se da cuenta? Es un completo irrespetuoso, pero como paga el piso, tengo que callarme , por supuesto.
Llave roja y la giro a la izquierda, ya estoy en casa. Encendí las luces del salón para comprobar si nuestro otro compañero de piso estaba en casa y cuando me dí cuenta de que se había ido me encerré en mi cuarto porque no soportaba el desorden que los otros consentían en la casa, mi habitación era el único lugar ordenado de la casa, sencilla y tenía justo lo necesario: un armario, una cama doble, un escritorio y un par de cajoneras. ¿Para qué necesitaba más? Se podría decir que soy conformista. Aunque he de decir, que el premio gordo de la casa me lo llevé yo eligiendo la habitación con acceso a la terraza, es el lugar más tranquilo para leer, escribir, estudiar o tan sólo pensar, tareas concretas que precisan concentración.
Aunque en ese momento no necesitase concentración, y mucho menos la tenía, salí a la terraza con un buen libro para distraerme de la noche. Lo había alquilado en la biblioteca, no tenía mala pinta, hasta que leí la primera frase que consiguió echarme hacia atrás: "Raquel había salido a dar un paseo bajo la luna, había tenido un día complicado."
viernes, 25 de noviembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
08#
-Hola.
+...
-Perdón por haberte seguido, no voy a hacerte nada, de verdad, tan sólo...te vi allí parada mirándome, y me intrigaste.
+Claro, tranquilo, fue mi culpa. Debería haber sido más discreta.
-No sé qué decir la verdad...
+Tu nombre, por ejemplo.
-Ah, sí, claro...Oliver, me llamo Oliver.
+Ah, muy bien Oliver...dado que no preguntas, yo me llamo Luna.
-Sí, perdona, soy un poco torpe, ya ves, cuéntame, ¿qué haces paseando a estas horas?
+Bueno pues... -no lograba entender por qué estaba tan nerviosa-. Mi madre me ha mandado a tirar la basura... y me apetecía dar una vuelta... y te he visto... y he venido aquí...
-¿Estás nerviosa por algo?
+Hombre, eres un desconocido, no es una situación muy cotidiana.
-Oye, ¡que sabemos nuestros nombres!
+Es cierto Oliver, ya me quedo mucho más tranquila. ¿Vamos a dar un paseo? Quiero recorrer el parque.
-Vale, andemos -y me agarró del brazo, como si ya nos conociésemos de toda la vida.
+No te importa, ¿no? es que eres bastante cómodo, la verdad.
-Nada Luna, tómate confianzas. ¿Sabes? Hoy la luna está muy bonita, casi tanto como tú -por qué había dicho eso, la acababa de conocer, seguro que saldría corriendo.
+Vaya, muchas gracias, vas muy rápido tú, ¿no crees? pero no me importa, me gusta, aunque yo no opino igual que tú.
-Lo siento.
+¿Siempre eres así de directo con las chicas?
-No, la verdad es que no, soléis ser vosotras, las chicas, las que venís detrás de mí.
+Ah, gracias, eres algo...como sería la palabra...sí, ya ¡egocéntrico! pero te lo digo con cariño, Oliver.
-¿Cómo lo haces? Siempre me dejas sin palabras. ¿cuántos años tienes?
+Voy a cumplir los dieciocho.-empecé a notar la vibración del teléfono- espera un momento, será mi madre.-colgué.
-¿Todo bien?
+Sí, si no tienes en cuenta el hecho de que llevo media hora fuera de casa, ¿me acompañas de vuelta?
-Por supuesto y ya de paso vuelvo al bar.
+¿Con quién has venido?
-Con uno de mis compañeros de piso, Marcos.
+No vives con tus padres...debe ser alucinante. ¿cuántos años has dicho que tenías?
-No lo he dicho. Tengo veintiún años.
+Pues estás bastante bien, oye me voy que este es mi portal, ¡ya nos veremos!
-¿Cómo? ¡Si no tengo tu número!
+Ven al bar.
+...
-Perdón por haberte seguido, no voy a hacerte nada, de verdad, tan sólo...te vi allí parada mirándome, y me intrigaste.
+Claro, tranquilo, fue mi culpa. Debería haber sido más discreta.
-No sé qué decir la verdad...
+Tu nombre, por ejemplo.
-Ah, sí, claro...Oliver, me llamo Oliver.
+Ah, muy bien Oliver...dado que no preguntas, yo me llamo Luna.
-Sí, perdona, soy un poco torpe, ya ves, cuéntame, ¿qué haces paseando a estas horas?
+Bueno pues... -no lograba entender por qué estaba tan nerviosa-. Mi madre me ha mandado a tirar la basura... y me apetecía dar una vuelta... y te he visto... y he venido aquí...
-¿Estás nerviosa por algo?
+Hombre, eres un desconocido, no es una situación muy cotidiana.
-Oye, ¡que sabemos nuestros nombres!
+Es cierto Oliver, ya me quedo mucho más tranquila. ¿Vamos a dar un paseo? Quiero recorrer el parque.
-Vale, andemos -y me agarró del brazo, como si ya nos conociésemos de toda la vida.
+No te importa, ¿no? es que eres bastante cómodo, la verdad.
-Nada Luna, tómate confianzas. ¿Sabes? Hoy la luna está muy bonita, casi tanto como tú -por qué había dicho eso, la acababa de conocer, seguro que saldría corriendo.
+Vaya, muchas gracias, vas muy rápido tú, ¿no crees? pero no me importa, me gusta, aunque yo no opino igual que tú.
-Lo siento.
+¿Siempre eres así de directo con las chicas?
-No, la verdad es que no, soléis ser vosotras, las chicas, las que venís detrás de mí.
+Ah, gracias, eres algo...como sería la palabra...sí, ya ¡egocéntrico! pero te lo digo con cariño, Oliver.
-¿Cómo lo haces? Siempre me dejas sin palabras. ¿cuántos años tienes?
+Voy a cumplir los dieciocho.-empecé a notar la vibración del teléfono- espera un momento, será mi madre.-colgué.
-¿Todo bien?
+Sí, si no tienes en cuenta el hecho de que llevo media hora fuera de casa, ¿me acompañas de vuelta?
-Por supuesto y ya de paso vuelvo al bar.
+¿Con quién has venido?
-Con uno de mis compañeros de piso, Marcos.
+No vives con tus padres...debe ser alucinante. ¿cuántos años has dicho que tenías?
-No lo he dicho. Tengo veintiún años.
+Pues estás bastante bien, oye me voy que este es mi portal, ¡ya nos veremos!
-¿Cómo? ¡Si no tengo tu número!
+Ven al bar.
domingo, 6 de noviembre de 2011
07#
-Luna, ¿puedes bajar la basura por favor?
-De acuerdo, pero voy a dar una vuelta.
-Vale, pero no tardes, por favor.
Bajé la basura y me dirigí hacia un parque, la mayor parte es césped y es muy reconfortante, el problema es que para llegar allí hay que pasar por un bar en el que normalmente hay mucho ruido y más hoy, siendo viernes. Laura me había propuesto ir a una discoteca, pero no tenía dinero ni ganas para ir, seguía pensando en el paisaje, en Kandem y en mil cosas más.
Me fijé en la gente del bar, como siempre que paso por allí y vi a un chico, no tendría mucho más de 20 años, me llamó mucho la atención de primera vista porque era alto y vestía realmente bien. Él se dio cuenta de que le estaba mirando y en el primer momento no pude hacer nada, estaba completamente abstraída mirándole, hasta que él se quedó mirándome también. En ese momento fui capaz de reaccionar y comencé a andar hacia el parque, alguien había salido del bar, seguro que había sido él, se había dado cuenta y venía detrás de mí a decirme algo. Aceleré el paso todo lo que pude hasta que llegué al parque y me fui al rincón al que suelo acudir siempre, el más tranquilo y con más césped desde donde se ve todo el parque. Le vi buscándome, hasta que me encontró y se acercó a mí.
-Oliver, tú necesitabas esto, salir un rato, distraerte, conocer chicas...
-Claro que sí Marcos, te entiendo, era esto lo que necesitaba.
-Oye, si te pasa algo no lo pagues conmigo...
-No me pasa nada, voy a la barra, ¿te traigo algo?
-Vale, una cerveza ¡gracias!
Me acerqué a la barra e intenté llamar la atención del camarero que no me hizo mucho caso porque había mil tías por delante con escotazo, por supuesto.
Al fin me atendió.
-Perdona, es que este trabajo es muy exigente, ¿sabes? ¿qué te pongo?
-Claro, claro...tranquilo. Dame dos cervezas, por favor.
-¡Marchando!
Me quedé mirándole porque se puso a hablar con mil chicas antes de traerme las cervezas y como no me hacía caso me quedé mirando por la ventana. Una chica estaba mirándome, era muy guapa, tenía los ojos claros, era alta e iba vestida bastante sencilla, cómoda, se podría decir que de estar por casa. Justo entonces me quitó la mirada y me provocó tanta curiosidad que salí detrás de ella olvidándome de las cervezas.
-¡Oliver a dónde vas, que te llevas las llaves del coche...!
Le oí pero no le hice caso, no quería perderla de vista. Había acelerado el paso, seguro que estaba asustada, siguió recto, torció en la siguiente calle a la derecha y llegó a un parque, la busqué y la encontré en el punto más alto del parque, parecía tranquilo y confortable.
domingo, 20 de marzo de 2011
06#
-Hola.
-Hola Laura, pasa y ve a la cocina.
-De acuerdo ¡Y te cojo un refresco!
Laura se dirigió a la cocina ágilmente, sin darme tiempo a decirla que no, que no se tomase tantas confianzas estando en mi casa, era imposible. Cuando entré en la cocina estaba sentada en una silla mirando hacia la ventana mientras encendía un cigarro con una cerilla.
-Deberías saber que no me gusta que fumes en mi casa.
-Vale, no lo pienses por favor, que luego echamos ambientador...y cuéntame lo del sueño que es a lo que he venido, ¿no?
-Es cierto, mira este dibujo. Lo he hecho antes de que llegases y he intentado representar con máximo detalle todo lo que veía en mis sueños y es muy complicado la verdad.
-Es precioso...dibujas muy bien Luna. ¿Ese lugar te transmite algo verdad?
-Sí, pero no entiendo cómo lo sabes, es algo que ni siquiera yo entiendo.
-Era tan sólo una intuición, por la pasión con la que hablas de este lugar, se nota que no es un lugar sin importancia.
-Ya, pero nunca he ido, solo lo he visto en sueños y me siento bien, como en casa, no lo entiendo. Si por lo menos consiguiese averiguar dónde está para ir y ver si recuerdo algo...
-Lo único que te puedo aconsejar es que intentes recordar qué sueñas por las noches con la mayor precisión posible, y cuando sepas algo me llamas.
-Gracias Laura, eso haré.
Mientras decía estas palabras Laura ya había apagado su cigarro y estaba de pie, apoyada en el marco de la puerta, esperando a que terminase la frase para meterse en el ascensor y esa fue nuestra despedida.
Era de noche, había una luna preciosa, según lo que decían era la "súperluna" y se vería más grande y luminosa, aparte de los cambios que podría producir en las mareas no había nada destacable esa noche. Era normal, como cualquier otro día que salía con mis amigos a algún bar.
Y así fue, varias chicas se acercaron a hablar conmigo, pidiéndome el número, preguntándome cosas sobre mí para intentar conseguirme esa noche, pero no me interesaba.
Era cierto que había muchas chicas guapas en ese local pero no quería pensar en eso, distraerme con esas tonterías. Yo soy partidario de que el amor no existe, al fin y al cabo, ¿Para qué necesitas a nadie que te haga compañía y te haga feliz?¿Que te ayude a sonreír en los malos y en los buenos momentos? Y luego se vaya, no es justo, es ilusionarnos con una cosa que no es eterna, y ese es el problema de la gente, que no es consciente de que se acaba, y cuando eso ocurre, no recuerdas como debes actuar sin ese sentimiento.
Cierto es que hay varios tipos de amor, aunque en todos corres el mismo riesgo, cualquier persona te puede abandonar, y si has sentido algo real por ella es duro, sobre todo cuando cierra la puerta sin despedirse para muchos años después reaparecer y recordarte la cara que tenías aquella noche en la que ella se fue, aquel momento en el que empezaste a crearte una coraza para cubrir tu vulnerabilidad contra los sentimientos.
No quería acumular más servilletas con números de teléfono en el pantalón, por lo que bebí un último trago de mi gin tonic y salí del local para ahuyentar los pensamientos que rondaban ahora mi cabeza, quería distraerme, y la luna sería una buena excusa.
-Hola Laura, pasa y ve a la cocina.
-De acuerdo ¡Y te cojo un refresco!
Laura se dirigió a la cocina ágilmente, sin darme tiempo a decirla que no, que no se tomase tantas confianzas estando en mi casa, era imposible. Cuando entré en la cocina estaba sentada en una silla mirando hacia la ventana mientras encendía un cigarro con una cerilla.
-Deberías saber que no me gusta que fumes en mi casa.
-Vale, no lo pienses por favor, que luego echamos ambientador...y cuéntame lo del sueño que es a lo que he venido, ¿no?
-Es cierto, mira este dibujo. Lo he hecho antes de que llegases y he intentado representar con máximo detalle todo lo que veía en mis sueños y es muy complicado la verdad.
-Es precioso...dibujas muy bien Luna. ¿Ese lugar te transmite algo verdad?
-Sí, pero no entiendo cómo lo sabes, es algo que ni siquiera yo entiendo.
-Era tan sólo una intuición, por la pasión con la que hablas de este lugar, se nota que no es un lugar sin importancia.
-Ya, pero nunca he ido, solo lo he visto en sueños y me siento bien, como en casa, no lo entiendo. Si por lo menos consiguiese averiguar dónde está para ir y ver si recuerdo algo...
-Lo único que te puedo aconsejar es que intentes recordar qué sueñas por las noches con la mayor precisión posible, y cuando sepas algo me llamas.
-Gracias Laura, eso haré.
Mientras decía estas palabras Laura ya había apagado su cigarro y estaba de pie, apoyada en el marco de la puerta, esperando a que terminase la frase para meterse en el ascensor y esa fue nuestra despedida.
Era de noche, había una luna preciosa, según lo que decían era la "súperluna" y se vería más grande y luminosa, aparte de los cambios que podría producir en las mareas no había nada destacable esa noche. Era normal, como cualquier otro día que salía con mis amigos a algún bar.
Y así fue, varias chicas se acercaron a hablar conmigo, pidiéndome el número, preguntándome cosas sobre mí para intentar conseguirme esa noche, pero no me interesaba.
Era cierto que había muchas chicas guapas en ese local pero no quería pensar en eso, distraerme con esas tonterías. Yo soy partidario de que el amor no existe, al fin y al cabo, ¿Para qué necesitas a nadie que te haga compañía y te haga feliz?¿Que te ayude a sonreír en los malos y en los buenos momentos? Y luego se vaya, no es justo, es ilusionarnos con una cosa que no es eterna, y ese es el problema de la gente, que no es consciente de que se acaba, y cuando eso ocurre, no recuerdas como debes actuar sin ese sentimiento.
Cierto es que hay varios tipos de amor, aunque en todos corres el mismo riesgo, cualquier persona te puede abandonar, y si has sentido algo real por ella es duro, sobre todo cuando cierra la puerta sin despedirse para muchos años después reaparecer y recordarte la cara que tenías aquella noche en la que ella se fue, aquel momento en el que empezaste a crearte una coraza para cubrir tu vulnerabilidad contra los sentimientos.
No quería acumular más servilletas con números de teléfono en el pantalón, por lo que bebí un último trago de mi gin tonic y salí del local para ahuyentar los pensamientos que rondaban ahora mi cabeza, quería distraerme, y la luna sería una buena excusa.
martes, 8 de marzo de 2011
05#
Eran las cinco, quedaba una hora para que Laura llegase y aún no sabía cómo definirla mis sueños de las últimas noches.
Primero debía organizar mis pensamientos, veamos, el paisaje: eran todo bosques muy verdes, rebosantes de luz y vitalidad, sentía como si me hubiese criado allí, me sentía como en casa. Veía los matorrales moverse, supuse que serían animales jugando, observándome, y como no se acercaron a mi me mantuve tranquila recorriendo de nuevo el bosque al que viajaba todas las noches.
Comencé a dibujarlo en un folio, cada flor y cada rama, definida con toda la exactitud posible. Y poco a poco el papel se fue llenando de color y llegó el momento en el que parecía que estaba ahí, en el bosque de nuevo, pero esta vez de verdad. No sólo veía lo que me rodeaba, si no que podía olerlo, tocarlo y oir cada movimiento.
Ya sabía qué debía contarle a Laura cuando llegase, había encontrado un lugar imaginario tal vez, que me reconfortaba al completo más que ninguno conocido hasta ahora.
-Tío¿Qué estás diciendo, estás loco?
-Que no Marcos, de verdad, me veo capaz de hacerlo, no sé como, pero sé que podré, es un pálpito.
-De acuerdo, no me queda otra que confiar en tí, a ver ¿Cuál es el plan?
-Mira, lo primero que voy a hacer es describirte la casa, y algún día te llevo.
-Vale, comienza.
-Mira, por fuera los ladrillos están pintados de blanco y tiene los marcos de las ventanas, de la puerta y esta última pintadas de azul, los azulejos de los poyetes están algo agrietados, la hierba ha crecido sin medida alrededor de la casa y hay alguna que otra lagartija entrando y saliendo de la casa.
-Bueno, no parece que haya que arreglar mucho.
-Es que aquí viene lo bueno, por dentro, los pocos muebles que quedan de madera están húmedos y partidos, hay agujeros en el tejado y las escaleras para acceder al piso de arriba también están destrozadas, no sé qué hacer para arreglar todo en el menos tiempo posible...
-Vale, ya he pillado la indirecta, llamo a los demás para que nos ayuden, mañana nos llevas.
Primero debía organizar mis pensamientos, veamos, el paisaje: eran todo bosques muy verdes, rebosantes de luz y vitalidad, sentía como si me hubiese criado allí, me sentía como en casa. Veía los matorrales moverse, supuse que serían animales jugando, observándome, y como no se acercaron a mi me mantuve tranquila recorriendo de nuevo el bosque al que viajaba todas las noches.
Comencé a dibujarlo en un folio, cada flor y cada rama, definida con toda la exactitud posible. Y poco a poco el papel se fue llenando de color y llegó el momento en el que parecía que estaba ahí, en el bosque de nuevo, pero esta vez de verdad. No sólo veía lo que me rodeaba, si no que podía olerlo, tocarlo y oir cada movimiento.
Ya sabía qué debía contarle a Laura cuando llegase, había encontrado un lugar imaginario tal vez, que me reconfortaba al completo más que ninguno conocido hasta ahora.
-Tío¿Qué estás diciendo, estás loco?
-Que no Marcos, de verdad, me veo capaz de hacerlo, no sé como, pero sé que podré, es un pálpito.
-De acuerdo, no me queda otra que confiar en tí, a ver ¿Cuál es el plan?
-Mira, lo primero que voy a hacer es describirte la casa, y algún día te llevo.
-Vale, comienza.
-Mira, por fuera los ladrillos están pintados de blanco y tiene los marcos de las ventanas, de la puerta y esta última pintadas de azul, los azulejos de los poyetes están algo agrietados, la hierba ha crecido sin medida alrededor de la casa y hay alguna que otra lagartija entrando y saliendo de la casa.
-Bueno, no parece que haya que arreglar mucho.
-Es que aquí viene lo bueno, por dentro, los pocos muebles que quedan de madera están húmedos y partidos, hay agujeros en el tejado y las escaleras para acceder al piso de arriba también están destrozadas, no sé qué hacer para arreglar todo en el menos tiempo posible...
-Vale, ya he pillado la indirecta, llamo a los demás para que nos ayuden, mañana nos llevas.
lunes, 7 de marzo de 2011
04#
Suena el timbre, se acaban las clases y he de acercarme a Laura para solucionar el percance de esta mañana.
-Laura, ¿Podemos hablar?
-Claro, ¿qué pasa?
-Quería pedirte perdón por lo de esta mañana, no quería darte una mala contestación, solo que ya me conoces, por las mañanas soy algo arisca.
-Tranquila Luna, pero esto no viene de hoy, viene de hacer varios días, a tí te pasa algo, ¿Me lo puedes contar?
-De acuerdo, pero no me tomes como un bicho raro...resulta que llevo varios días soñando con un paisaje que no conozco, pero veo todos los detalles a la perfección, y hay una palabra que no para de venirme a la cabeza...Kandem...
-A ver Luna, ¿De qué estás hablando, estás loca?
-¿Ves por qué no te lo quería contar? Está claro que no puedo hablar de esto con nadie...
-De acuerdo, sí, hablemos de eso, no te tomaré como a una loca, pero entiende que es un tema extraño, a ver cuéntame los detalles.
-Vale, pero ahora no, hay demasiada gente. Ven a mi casa alrededor de las 6.
Y me fui sin que le diese tiempo a contestarme, no quería preguntas, tan solo necesitaba hacerme a la idea de cómo explicarle mis sueños a Laura, sueños, que ni yo entendía.
Levanté la cabeza y ví a Marcos acercándose a mí, le saludé levantando la cabeza, no tenía ganas de hablar.
-Ey, ¿Se te han pegado las sábanas, eh?
-Qué va Marcos, he estado por ahí dando vueltas.
-¿Y eso Oliver, ocurre algo?
-Nada en especial, es que estoy cansado de venir aquí todos los días, de hacer lo mismo todas las mañanas...de la rutina en general.
-Ya, te entiendo, pero no puedes hacer nada...
-En realidad si que puedo, he encontrado una casa...perdida en un valle, en medio de la nada, voy a dedicarme a reconstruirla, me llama mucho la atención, tengo el pálpito de que esa casa me deparará cosas buenas en el futuro.
jueves, 3 de marzo de 2011
03#
Comienza el día y las falsedades. Demasiado pronto para mi gusto, si ya estoy de mal humor por las mañanas recién levantada, llegar al instituto es un auténtico suplicio. Me encantaría perderme alguna mañana por la calles de camino al instituto e investigar, curiosear, caminar, observar e identificar cada detalle que me rodea, la gente que pasa a mi lado, a la que veo todas las mañanas de camino al instituto, lo que sea, con tal de pasear mientras el reloj sigue avanzando, perdiéndome en un mundo que ni siquiera sé cuál quiero que sea...
-¡Luna, reacciona ya hostia! Que te estoy llamando desde hace cinco minutos, ¿Se puede saber en qué narices pensabas esta mañana al vestirte, te has mirado acaso al espejo? Además, ayer te llamé..
-Y no te lo cogí, lo sé, mira Laura, me conoces de sobra, así que no me grites a primera hora de la mañana, ¿Que no te gusta mi conjunto de hoy? Me parece perfecto, pero es tu opinión, así que no me la impongas, porque si me he vestido así será por algo -en eso tenía razón, no sé en qué estaba pensando esta mañana, pero admitirlo sería aumentar su ego, y me parece que a los amigos hay que ayudarlos, no destruirlos-.
-Vale, no hace falta que te pongas tan agresiva, ya te dejo en paz, tranquila.
-Como quieras.
Seguro que ahora estará ofendida porque pensará que la he faltado al respeto, da igual, luego hablaré con ella para solucionarlo, tan sólo han pasado cuarenta minutos desde que me he despertado y ya quiero volver a tumbarme en la cama, y mirar por la ventana intentando imaginarme las estrellas. Y luego soñar que algún día viviré en una casa desde donde se puedan observar sin hacer peripecias.
Miré el reloj, y llegaba tarde, perfecto, al asomarme a clase comprobé que era cierto, me vio un compañero y me envió un mensaje diciendo que me fuese a la cafetería que no me estaba perdiendo nada y que él firmaría por mí. Me vino bien este tiempo extra para hacerme con la universidad de nuevo, llevaba varios días faltando porque ya no me gustaba lo que estaba haciendo, quería cambiar y buscar algo nuevo, así que eso fue lo que hice las dos semanas anteriores, busqué empresas donde hacer prácticas, después de mirar, por supuesto, otras carreras o grados, pero nada me convencía, seguí buscando y cuando estaba a punto de rendirme, llegó a mí, encontré algo que podría llamarme la atención, algo completamente distinto a lo que había pensado, una casa. Suena de locos, pero encontré una casa medio en ruinas, perdida en el campo, y pensé que podría reconstruirla, quería, había algo que me llamaba la atención y debía permanecer allí para encontrarlo. Además, no todo era negativo, así tendría sitio para irme del piso de estudiantes y podría dejar de aguantar a mis compañeros. Había encontrado un nuevo proyecto, y me iba a dedicar plenamente a él.
-¡Luna, reacciona ya hostia! Que te estoy llamando desde hace cinco minutos, ¿Se puede saber en qué narices pensabas esta mañana al vestirte, te has mirado acaso al espejo? Además, ayer te llamé..
-Y no te lo cogí, lo sé, mira Laura, me conoces de sobra, así que no me grites a primera hora de la mañana, ¿Que no te gusta mi conjunto de hoy? Me parece perfecto, pero es tu opinión, así que no me la impongas, porque si me he vestido así será por algo -en eso tenía razón, no sé en qué estaba pensando esta mañana, pero admitirlo sería aumentar su ego, y me parece que a los amigos hay que ayudarlos, no destruirlos-.
-Vale, no hace falta que te pongas tan agresiva, ya te dejo en paz, tranquila.
-Como quieras.
Seguro que ahora estará ofendida porque pensará que la he faltado al respeto, da igual, luego hablaré con ella para solucionarlo, tan sólo han pasado cuarenta minutos desde que me he despertado y ya quiero volver a tumbarme en la cama, y mirar por la ventana intentando imaginarme las estrellas. Y luego soñar que algún día viviré en una casa desde donde se puedan observar sin hacer peripecias.
Miré el reloj, y llegaba tarde, perfecto, al asomarme a clase comprobé que era cierto, me vio un compañero y me envió un mensaje diciendo que me fuese a la cafetería que no me estaba perdiendo nada y que él firmaría por mí. Me vino bien este tiempo extra para hacerme con la universidad de nuevo, llevaba varios días faltando porque ya no me gustaba lo que estaba haciendo, quería cambiar y buscar algo nuevo, así que eso fue lo que hice las dos semanas anteriores, busqué empresas donde hacer prácticas, después de mirar, por supuesto, otras carreras o grados, pero nada me convencía, seguí buscando y cuando estaba a punto de rendirme, llegó a mí, encontré algo que podría llamarme la atención, algo completamente distinto a lo que había pensado, una casa. Suena de locos, pero encontré una casa medio en ruinas, perdida en el campo, y pensé que podría reconstruirla, quería, había algo que me llamaba la atención y debía permanecer allí para encontrarlo. Además, no todo era negativo, así tendría sitio para irme del piso de estudiantes y podría dejar de aguantar a mis compañeros. Había encontrado un nuevo proyecto, y me iba a dedicar plenamente a él.
martes, 1 de marzo de 2011
02#
Definitivamente se nota una diferencia al salir de mi habitación, el suelo, la temperatura, la luz y la tranquilidad. Es imposible despertarse de buen humor escuchando a tu hermano gritar pidiendo libertad. ¿Acaso sabe qué es eso? Tan solo tiene 14 años. El no pide libertad, pide despreocupación para poder perderse a la mala vida. Pero mis padres, cumpliendo con su papel, deben negárselo y yo, teniendo en cuenta que es una etapa que todos hemos vivido, solo puedo aguantar y sentarme a desayunar haciendo caso omiso de sus preguntas tan sumamente inoportunas. Así, un día más me metí en la ducha con ganas de salir de casa, y de la rutina que llevaba todos los días, quería conocer algo nuevo o a alguien que me explicase detalles insignificantes que puedan tornar por completo mi visión de las cosas. Me deje llevar por ese pensamiento, y en mis propias ensoñaciones llegué al instituto sin ser consciente ni del conjunto de camisetas que llevaba, definitivamente, era un desastre.
Era el primero en levantarme, ellos siempre dormían hasta demasiado tarde y siempre dejaban la cocina demasiado desordenada, ni siquiera podías hacerte un café. Sí, esa es mi rutina mañanera, terraza, cocina y fregar platos. No era una situación agradable, pero no podía evitarla mientras viviese con ellos. Por lo menos esta noche habían dejado una nota en la nevera que ponía: "Lo sentimos tío, es que anoche era muy tarde". Me tomaban por el pito del sereno, hablaría con ellos cuando tuviese el valor necesario.
Como estaba acostumbrado a la misma rutina, siempre me sobraba tiempo, así que cogí mi abrigo y bajé a la calle para dar un largo paseo hasta la universidad, iba escuchando música y observando a la gente, sus vidas, a dónde irían, qué relación tendrían con la persona que les acompañaba y cualquier cosa que se me pasase por la cabeza, quería evitar mis propios pensamientos, pero eso no era suficiente, así que aceleré el paso para llegar a la universidad e imaginarme las vidas de gente que más o menos conocía.
Era el primero en levantarme, ellos siempre dormían hasta demasiado tarde y siempre dejaban la cocina demasiado desordenada, ni siquiera podías hacerte un café. Sí, esa es mi rutina mañanera, terraza, cocina y fregar platos. No era una situación agradable, pero no podía evitarla mientras viviese con ellos. Por lo menos esta noche habían dejado una nota en la nevera que ponía: "Lo sentimos tío, es que anoche era muy tarde". Me tomaban por el pito del sereno, hablaría con ellos cuando tuviese el valor necesario.
Como estaba acostumbrado a la misma rutina, siempre me sobraba tiempo, así que cogí mi abrigo y bajé a la calle para dar un largo paseo hasta la universidad, iba escuchando música y observando a la gente, sus vidas, a dónde irían, qué relación tendrían con la persona que les acompañaba y cualquier cosa que se me pasase por la cabeza, quería evitar mis propios pensamientos, pero eso no era suficiente, así que aceleré el paso para llegar a la universidad e imaginarme las vidas de gente que más o menos conocía.
Luna anda ágil, al ritmo de la música y sus pensamientos, su ondulada melena le sigue el ritmo. Castaña, ojos claros, alta, esbelta y un sinfín de cualidades que no la consiguen hacer destacar sobre el resto.
Oliver anda con la mirada perdida, tiene tiempo de sobra para llegar a la universidad. Es el chico que todas querrían, alto, musculoso, con ojos penetrantes a la par que dulce. Pero él estaba cansado del constante seguimiento que debía soportar.
lunes, 28 de febrero de 2011
Despertar. 01#
Suena el despertador. Otro día comienza, dos casas y dos lugares completamente extraños pero con dos personas que se complementarían a la perfección.
Maldito, como todas las mañanas interrumpes mi sueño en el mejor momento, el más dulce, el más especial y por supuesto, el más irreal. Al poner un pie en el suelo piso una percha, siempre esa habitación tan desorganizada con ropa por los suelos o colgando de los cuadros. Aunque también puedes encontrarte un papel de chocolatina en el suelo, a tan sólo veinte centímetros de la papelera, no soy vaga, sólo que me gusta el desorden. A decir verdad, ese cuento solo me lo creo yo.
Al abrir las cortinas entra la misma luz cegadora de todas las mañanas. Me gusta el sol, pero viviendo en un primero en pleno centro, apenas se disfruta porque siempre hay edificios interponiéndose entre los rayos y tú.
Perfecto, ya puedo salir de mi habitación, de mi cueva como llaman mis padres, porque siempre que hay algún problema en mi mundo me refugio allí y me hace sentir mucho más segura, no es una habitación especial ni muy sofisticada, tan sólo es mía. Cada pequeño detalle diseñado al milímetro para mi disfrute, sí, definitivamente ese es mi lugar, donde los problemas dejan de existir, el marco de la puerta evita que esos problemas me atormenten por las noches.
Perfecto, empieza otro día, hoy voy a levantarme y voy a ser positivo. Por mucho que intente engañarme todas las mañanas con la misma retahíla, nunca es así. Pero primero piensas, y luego actúas. Me levanto a apagar el despertador y en un descuido tiro la cartera, saliendo disparadas varias tarjetas de bares con números de chicas apuntados en el reverso y algún ticket del supermercado, cosas insignificantes, al fin y al cabo, es la compra para un piso de estudiantes y no somos muy exquisitos con la comida, siempre intentamos buscar las ofertas y lo más económico como nos enseñaron casi todas nuestras madres de niños.
Miro el día tan espléndido que hace hoy, menos mal que a mis compañeros no le gustan las habitaciones con mucha luz, así me he podido quedar con la habitación con terraza del piso, es un sexto por lo que entra mucha luz, a veces demasiada, pero prefiero eso a tener varias luces encendidas. Me asomé a la terraza para respirar un poco de aire fresco y me dirigí a la cocina, con la fortaleza suficiente para soportar los gritos mañaneros de mis compañeros.
Maldito, como todas las mañanas interrumpes mi sueño en el mejor momento, el más dulce, el más especial y por supuesto, el más irreal. Al poner un pie en el suelo piso una percha, siempre esa habitación tan desorganizada con ropa por los suelos o colgando de los cuadros. Aunque también puedes encontrarte un papel de chocolatina en el suelo, a tan sólo veinte centímetros de la papelera, no soy vaga, sólo que me gusta el desorden. A decir verdad, ese cuento solo me lo creo yo.
Al abrir las cortinas entra la misma luz cegadora de todas las mañanas. Me gusta el sol, pero viviendo en un primero en pleno centro, apenas se disfruta porque siempre hay edificios interponiéndose entre los rayos y tú.
Perfecto, ya puedo salir de mi habitación, de mi cueva como llaman mis padres, porque siempre que hay algún problema en mi mundo me refugio allí y me hace sentir mucho más segura, no es una habitación especial ni muy sofisticada, tan sólo es mía. Cada pequeño detalle diseñado al milímetro para mi disfrute, sí, definitivamente ese es mi lugar, donde los problemas dejan de existir, el marco de la puerta evita que esos problemas me atormenten por las noches.
Perfecto, empieza otro día, hoy voy a levantarme y voy a ser positivo. Por mucho que intente engañarme todas las mañanas con la misma retahíla, nunca es así. Pero primero piensas, y luego actúas. Me levanto a apagar el despertador y en un descuido tiro la cartera, saliendo disparadas varias tarjetas de bares con números de chicas apuntados en el reverso y algún ticket del supermercado, cosas insignificantes, al fin y al cabo, es la compra para un piso de estudiantes y no somos muy exquisitos con la comida, siempre intentamos buscar las ofertas y lo más económico como nos enseñaron casi todas nuestras madres de niños.
Miro el día tan espléndido que hace hoy, menos mal que a mis compañeros no le gustan las habitaciones con mucha luz, así me he podido quedar con la habitación con terraza del piso, es un sexto por lo que entra mucha luz, a veces demasiada, pero prefiero eso a tener varias luces encendidas. Me asomé a la terraza para respirar un poco de aire fresco y me dirigí a la cocina, con la fortaleza suficiente para soportar los gritos mañaneros de mis compañeros.
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