Era el primero en levantarme, ellos siempre dormían hasta demasiado tarde y siempre dejaban la cocina demasiado desordenada, ni siquiera podías hacerte un café. Sí, esa es mi rutina mañanera, terraza, cocina y fregar platos. No era una situación agradable, pero no podía evitarla mientras viviese con ellos. Por lo menos esta noche habían dejado una nota en la nevera que ponía: "Lo sentimos tío, es que anoche era muy tarde". Me tomaban por el pito del sereno, hablaría con ellos cuando tuviese el valor necesario.
Como estaba acostumbrado a la misma rutina, siempre me sobraba tiempo, así que cogí mi abrigo y bajé a la calle para dar un largo paseo hasta la universidad, iba escuchando música y observando a la gente, sus vidas, a dónde irían, qué relación tendrían con la persona que les acompañaba y cualquier cosa que se me pasase por la cabeza, quería evitar mis propios pensamientos, pero eso no era suficiente, así que aceleré el paso para llegar a la universidad e imaginarme las vidas de gente que más o menos conocía.
Luna anda ágil, al ritmo de la música y sus pensamientos, su ondulada melena le sigue el ritmo. Castaña, ojos claros, alta, esbelta y un sinfín de cualidades que no la consiguen hacer destacar sobre el resto.
Oliver anda con la mirada perdida, tiene tiempo de sobra para llegar a la universidad. Es el chico que todas querrían, alto, musculoso, con ojos penetrantes a la par que dulce. Pero él estaba cansado del constante seguimiento que debía soportar.
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