viernes, 25 de noviembre de 2011

09#

Llave verde y la giro hacia la derecha, ya estoy en casa. Recorrí lentamente el pasillo asomándome a la puerta de la cocina comprobando que no había nadie, en efecto. Me senté en la encimera, como hago desde que era pequeña, y me tomé un zumo, por la misma razón.
Mientras tanto me quedé pensando en ese chico, Oliver, en el bar parecía más seguro de sí mismo que en el parque, sin ninguna duda, ahí parecía torpe, aunque podía haber muchas explicaciones para lo sucedido. Quizás interrumpí una conversación y por eso se le hacía incómodo estar paseando conmigo. Aunque eso no cobrase mucho sentido puesto que él vino a por mí.
-Luna, ¿Qué haces? Has tardado mucho, deberías ir a la cama.
-Mamá, no he tardado ni apenas 10 minutos, además, te había avisado de que iría a dar una vuelta.
-¡10 minutos! Ya te gustaría a ti haber tardado 10 minutos, 40 Luna, has tardado 40 minutos y son las 12 de la noche, ¿Te parece bien?¿Algo que puedas hacer sin repercusión alguna?
-Por supuesto que no mamá, me voy a la cama sin cenar. -Salté al suelo y cogí el vaso de zumo.- Buenas noches.
Salí de la cocina de mal humor puesto que había cedido al provocamiento de mi madre, no me gusta reaccionar de ese modo, pero me saca de mis casillas y para colmar el vaso mi cuarto estaba demasiado desorganizado. Recorrí con la mirada el desastre: escritorio a continuación de la puerta con demasiados papeles, platos y objetos varios encima de la mesa; una guitarra llena de polvo; armario cual abrías y una montaña de ropa te sepultaba; la mesilla con 3 libros abiertos por distintas páginas marcadas con bolígrafos, relojes, cascos, aparatos electrónicos y monedas sueltas; mi cama, pequeña pero confortable, tiene los mismos años que yo y ya es mucho decir; otra cómoda con más cajones repletos de ropa los cuales nunca están suficientemente llenos a mi parecer y por último, mi corcho, donde cuelgo todos mis recuerdos, fotos, billetes de viaje, envoltorios de regalos, cartas...y en primera plana, unos billetes de renfe de hace demasiados años, un viaje que hice sola a Navarra para reencontrarme con mi padre, en realidad es un amigo, se llama Jorge y casi me dobla la edad pero para mí es mi padre porque siempre tuvimos esa relación que echaba en falta.
-Eres como mi hermano mayor, por todos los consejos y momentos que me dedicas.
-Bueno, pero hay veces que me preocupo más que eso, estoy bastante pendiente de tus locuras...
-Eh, eh, para el carro, esa sería una relación entre padre e hija.
-Pues que así sea.




Me quedé pensando en Luna y en las últimas frases de la conversación. Por ejemplo, se mostró demasiado enigmática sobre cómo vernos de nuevo y le sorprendió que no viviese con mis padres. Por supuesto, no sabe mi historia.
-Fuera de mi casa, no vuelvas a aparecer por aquí, Raquel.
-Pero Víctor, que no volverá a pasar, te lo prometo.
-¿El que no va a volver a pasar Raquel? ¿No vas a gastarte de nuevo el sueldo en pastillas, en alcohol y en el casino? Repítemelo de nuevo, a ver si esta vez consigues que te crea.
-Pero...tengo un problema, no es tan fácil, tú lo sabes, deberías saberlo. Tenemos un hijo, no puedes echarme de casa.
-De acuerdo, cambia y serás bienvenida en esta casa.
-Lo he pensado, y no necesito tu bienvenida en ningún sitio, necesito alejarme de ti. Tranquilo, no tienes por qué volver a saber de mí.
Vi a Marcos a través del cristal del bar, expulsé los últimos pensamientos de mi cabeza, exceptuando a Luna, por supuesto, y entré en el bar.
-Tío, ya me estás contando qué ha pasado.
-Nada, una chica me estaba mirando y he salido a hablar con ella.
-Así me gusta campeón, era lo que tenías que hacer. Y ¿Dónde está, ha ido al baño?
-A su casa más bien.
-Entonces tío, me has engañado, no te la has ligado...eres un patán.
-Marcos, últimamente te metes demasiado conmigo, y no me gusta para nada. Me voy a casa, ¿Vienes o te coges un taxi?
-Mejor me pillo un taxi. Hasta luego.
-Adiós, Marcos.
No le soporto cuando se pone en ese plan, ¿No se da cuenta? Es un completo irrespetuoso, pero como paga el piso, tengo que callarme , por supuesto.
Llave roja y la giro a la izquierda, ya estoy en casa. Encendí las luces del salón para comprobar si nuestro otro compañero de piso estaba en casa y cuando me dí cuenta de que se había ido me encerré en mi cuarto porque no soportaba el desorden que los otros consentían en la casa, mi habitación era el único lugar ordenado de la casa, sencilla y tenía justo lo necesario: un armario, una cama doble, un escritorio y un par de cajoneras. ¿Para qué necesitaba más? Se podría decir que soy conformista. Aunque he de decir, que el premio gordo de la casa me lo llevé yo eligiendo la habitación con acceso a la terraza, es el lugar más tranquilo para leer, escribir, estudiar o tan sólo pensar, tareas concretas que precisan concentración.
Aunque en ese momento no necesitase concentración, y mucho menos la tenía, salí a la terraza con un buen libro para distraerme de la noche. Lo había alquilado en la biblioteca, no tenía mala pinta, hasta que leí la primera frase que consiguió echarme hacia atrás: "Raquel había salido a dar un paseo bajo la luna, había tenido un día complicado."

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