-De acuerdo, pero voy a dar una vuelta.
-Vale, pero no tardes, por favor.
Bajé la basura y me dirigí hacia un parque, la mayor parte es césped y es muy reconfortante, el problema es que para llegar allí hay que pasar por un bar en el que normalmente hay mucho ruido y más hoy, siendo viernes. Laura me había propuesto ir a una discoteca, pero no tenía dinero ni ganas para ir, seguía pensando en el paisaje, en Kandem y en mil cosas más.
Me fijé en la gente del bar, como siempre que paso por allí y vi a un chico, no tendría mucho más de 20 años, me llamó mucho la atención de primera vista porque era alto y vestía realmente bien. Él se dio cuenta de que le estaba mirando y en el primer momento no pude hacer nada, estaba completamente abstraída mirándole, hasta que él se quedó mirándome también. En ese momento fui capaz de reaccionar y comencé a andar hacia el parque, alguien había salido del bar, seguro que había sido él, se había dado cuenta y venía detrás de mí a decirme algo. Aceleré el paso todo lo que pude hasta que llegué al parque y me fui al rincón al que suelo acudir siempre, el más tranquilo y con más césped desde donde se ve todo el parque. Le vi buscándome, hasta que me encontró y se acercó a mí.
-Oliver, tú necesitabas esto, salir un rato, distraerte, conocer chicas...
-Claro que sí Marcos, te entiendo, era esto lo que necesitaba.
-Oye, si te pasa algo no lo pagues conmigo...
-No me pasa nada, voy a la barra, ¿te traigo algo?
-Vale, una cerveza ¡gracias!
Me acerqué a la barra e intenté llamar la atención del camarero que no me hizo mucho caso porque había mil tías por delante con escotazo, por supuesto.
Al fin me atendió.
-Perdona, es que este trabajo es muy exigente, ¿sabes? ¿qué te pongo?
-Claro, claro...tranquilo. Dame dos cervezas, por favor.
-¡Marchando!
Me quedé mirándole porque se puso a hablar con mil chicas antes de traerme las cervezas y como no me hacía caso me quedé mirando por la ventana. Una chica estaba mirándome, era muy guapa, tenía los ojos claros, era alta e iba vestida bastante sencilla, cómoda, se podría decir que de estar por casa. Justo entonces me quitó la mirada y me provocó tanta curiosidad que salí detrás de ella olvidándome de las cervezas.
-¡Oliver a dónde vas, que te llevas las llaves del coche...!
Le oí pero no le hice caso, no quería perderla de vista. Había acelerado el paso, seguro que estaba asustada, siguió recto, torció en la siguiente calle a la derecha y llegó a un parque, la busqué y la encontré en el punto más alto del parque, parecía tranquilo y confortable.
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